QUE HAYAN participado en el juego, en este nuevo número, que es el tercero, once mujeres (todas las caras del dado están pintadas por ellas, ya dijimos que el dado era informe y nada evidente) puede ser fruto del azar, o bien resultado de una breve y poco violenta meditación. En el segundo número, sin desearlo, el género masculino abordó sus páginas, ahora, en el nuevo DADO ROTO ellas lo hacen. Y además de una forma rotunda. Creemos que aportamos en estas páginas un espejo, un compendio de autoras que representan una de las tantas caras de lo más actual de la literatura hispanoamericana. Y por supuesto, nada de bobadas como literatura-femenina o literatura-masculina. De hecho algunos textos que aquí se reúnen le quitarían las pegatinas del auto, si se tratara de hacer carreras, a más de un autor del género masculino abanderado de la violencia o del lenguaje subversivo.

¿Cuántas partidas más jugaremos al DADO? La supervivencia se presume larga y relajada. En estos tres números nuestros jugadores han aceptado, todos/todas y sin excepciones, la convocatoria a la participación. Desde el primer momento el DADO apostaba por la literatura de calidad, sin excepciones, asunto este último que nos han costado no pocos jugadores pero que debe mantenerse como una de las reglas principales para mantenerse en el juego. Tampoco el exceso de convocados nos parecía apropiado, cada número es jugado por los seleccionados y en número reducido, de tal forma que se puedan ver las caras (y las trampas: muchos son tahúres profesionales, comenzando por los que suscribimos el texto).

            Este número es ilustrado por las fotografías de la serie Retratos de Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990). Y representa para el DADO lo mismo que representaron las ilustraciones del Colegio de ‘Patafísica de Chile en el primer número, y las pinturas de la serie ART-DOLLAR de Abbé Nozal en el segundo, una declaración de principios, lo nuevo, frescura bajo el bigote del escritor. Además, los textos están salpicados por la poesía visual de la escritora Julia Otxoa (San Sebastián, 1953). Hemos optado por su poesía visual porque su “virtud” literaria es ya bien conocida y el DADO quería jugar a lo visual partiendo de Otoxa. Dicho juego (avisamos) se mantendrá en los siguientes números con nuevos autores, poetas visuales, y eso ampliará nuestras mesas de jugadores.

Narrativa de la mano de Lina Meruane, Eve Gil, Mónica Belevan, Elvira Navarro y Elena Méndez. Desde el registro oral de streapers mexicanos, Elena Méndez en El cuerpo del delito, nos invita a asumir el riesgo de shows y escenarios, lectores-jugadores, jugadores erotizados: ¿Quieres que te cuente? Ah, cómo serás de morboso, pinche Negro. Habíamos ido el Isra, su mayugo y yo al Paco-Paco, un antro gay de Puerto Vallarta, feo, oscuro, de mala muerte. Elvira Navarro en Cabeza de huevo transita sobre los múltiples reflejos y ruinas de una adolescencia: Silvia y Sandra, las de las tetitas calientes, era uno de esos juegos peligrosos con los que se entretenían. Comenzaron en la casa de Vanesa, y todo lo que hicieron fue copiar una idea de Paula que nunca fue llevada a cabo, pero que se quedó martilleando en la cabeza de Clara, hasta que una tarde en la que todas las aventuras parecían haberse agotado, más el hastío y el calor, pues era verano cuando empezaron con aquello.  Eve Gil, prolífica narradora mexicana, nos muestra una nueva arista de su extenso y diverso registro narrativo, ahora un extracto de Virtus, novela de ciencia ficción recién publicada por Jus ediciones: Supe también que se había desencadenado una guerra a la que sin titubeos denominaban la Tercera Guerra, y que debió haber estallado casi al mismo tiempo que la invalidación del Proyecto V., aunque nunca nos enteramos de que estuviéramos al borde de un conflicto bélico internacional… o si nos enteramos no nos pareció nada del otro mundo puesto que vivíamos inmersos en diseñar cruentas batallas, cada vez más realistas, incluso posibles. Y Mónica Belevan, con una prosa perfecta y desde el desasosiego, apuesta desde su texto Escenas de caza que No hace mucho, la noción de número se había expresado espontáneamente en ella, cuando el cumplimiento rítmico (y no cíclico, como diría el viejo) de ciertas labores del campo y la tienda despertaron en ella una urgencia -oculta, por lo transparente- de ordenar al mundo respetando una secuencia que el padrastro celebraba como natural. Las cosas, le decía el hombre, se reiteran.

Ana Harcha, dramaturga chilena, y el sarcástico monólogo de una mujer tipo/prototipo, Gogo: una mujer adicta a bailar:

No quiero que mi vida se parezca a un anuncio.

No quiero que mi piel se parezca a la piel que aparece en el anuncio.

No quiero vestirme como se viste la chica del anuncio.

No quiero sonreír como sonríe la chica del anuncio.

No quiero mirar con ojos de misterio felino como lo hace la chica del anuncio.

Lina Meruane, después de no publicar hace años, nuevamente nos sumerge en la lectura de mundos íntimos, el mundo de las enfermedades y el lenguaje o súper conciencia del desgarro del narrador: Rapidito me quitaré la ropa mojada y me enchufaré unos calcetines; expulsaré de mi cuerpo una meadita turbia y tibia o tal vez caliente. Meterme a la cama con mi café aguado, e instantáneamente, sin siquiera proponérmelo, prenderé la tele y dejaré pasar infinitos comerciales, y sin saber siquiera cómo me olvidaré de esta imprevista mañana y de esta mujer. Ha sido un craso error atravesar esta plaza, un error en este frío, yo, que soy asmática.

            De Elena Medel y su poemario Tara poco podamos decir que no se haya escrito ya, pero nos quedamos con lo que aportó en su blog Manuel Vilas (lean la tremenda novela España de este autor): “Medel busca ensanchar en "Tara" el concepto de poesía. Formalmente, el libro busca un crecimiento del concepto de la poesía. Busca ir hacia la prosa, porque sabe que ese territorio contiene mucha poesía si se sabe buscar, y ella sabe. No se siente cómoda con la tradición heredada, con el concepto formal de poesía de la tradición española reciente. Busca un ensanchamiento, quiere derribar fronteras”.

María José Ferrada, presenta una nueva estética en literatura infantil. Lejos de las rimas, moralejas y propuestas deterministas y sesgadas que prevalecen hoy en el género infantil, ella nos muestra un juego arriesgado de voces narrativas (en ocasiones tremendamente poéticas) y el sonido de Rodrigo, Antonia, Carolina, Juan, María y Sara; en un extracto del libro Un Mundo Raro, pronto a publicarse por Kalandraka ediciones. María bailaba: Escuchaba la lluvia y bailaba. El timbre y bailaba. Los pájaros en la mañana y bailaba. Incluso las cosas que tocaba se ponían a bailar./ Nadie en la casa de María sabía que hacer con tanto baile. Cuando ponía la mesa, los platos comenzaban a moverse. Un día incluso hizo bailar el suelo de la casa y los vecinos se asustaron, gritaron: temblor!!!!!!!!!!!!!!

Y en el artículo (imperdible) Espacios esquizofrénicos de María Teresa Vilariño Picos, de una forma brillante y con ejemplos actuales y necesarios, se aborda el arte del siglo XXI, que “responde a una “estética de lo efímero”, que privilegia la instantaneidad y la simultaneidad, un marco en el que el ‘sujeto’ ha perdido la capacidad de organizar de forma coherente su pasado y su futuro”. Pura construcción y reconstrucción artística.

 

Con ellas jugamos al nuevo dado y celebramos el festín de la literatura.